El concierto empezaba a las siete de la tarde, por lo que era una hora magnífica para merendar, pero mi estómago no paraba de botar y me pedí una manzanilla (infusión, ¿eh?). Miguel Ángel se empezó a reír de mi estado de nervios. Llamó al camarero para cambiar la manzanilla por una caña de cerveza. Yo me negué en redondo, de verdad, os lo aseguro, todo lo que pude..., hasta que pequé. Sí, me tomé esa caña. ¡Qué bien me sentó! Lo justo para que el cuerpo se relajara, las manos volvieran a ser mis amigas y las comisuras de mis labios subieran ligeramente (claro, hacia arriba, hacia dónde va a ser, pero si lo escribo sería una redundancia y hay que cuidar el estilo). Fue lo justo, lo perfecto. Ni siquiera la memoria supuso un problema. Qué soltura, qué facilidad..., como si estuviera en casa.

Grandes figuras de la dirección orquestal, violinistas, pianistas, cantantes, actores, bailarines, magos, presentadores, conferenciantes y un largo etcétera, necesitan de una 'ayudita' para salir a escena. En los camerinos de los teatros o de los estudios de televisión se ven ciertas cosas.
Pero yo no voy a juzgar el comportamiento de nadie. Allá cada cual con su vida. Ni voy a moralizar. Lo único que pretendo decir es que, si necesitamos ayudarnos de lo que sea, igual podemos orientar el rumbo hacia pruebas menos estresantes, más a nuestro alcance; o pedirle a nuestro representante que nos dé un respiro, que no diga a todo que sí. He presenciado, antes de un concurso, la ingesta de cinco pastillas distintas, incluida una para el corazón, por la misma persona. ¿Es necesario? El concurso se puede quedar esperando, que no merece la pena (qué me cuesta escribir esto sin sacar al gremlin recién duchado que llevo dentro).
Confieso que, a día de hoy, sólo me avergüenzo de tener que recurrir en determinadas ocasiones a un reconstituyente artesano que no está al alcance de cualquiera: el alfajor de Medina, mi barrita energética preferida. Por cierto, os dejo, que me han entrado ganas y voy a por uno.
Pues me parece muy sincero y útil, por tu parte explicarlo. Cada uno es libre de transitar su propio camino, pero seguramente es como dices si cedes una vez es muy fácil entrar en una dinámica, en el mejor de los casos, poco saludable, en el peor, muy destructiva. La verdad es que el autocontrol es esencial en todas las facetas de la vida.
ResponderEliminarY cuanto al dulce, señores del blogger ahora mismo me hacen una aplicación que me permita degustar aquí y ahora el susodicho manjar...debe estar ideal, pura energía.
Un abrazo para ti y la familia ;)
Sonia