
Es increíble lo que nos queda por aprender. Nos pasamos años enteros intentando abarcar un repertorio importante, seleccionando entre lo mejor pues no podemos con todo, y resulta que tenemos delante y nos pasan desapercibidas obras de menor entidad pero no de menor calidad. Quizás no supimos estudiarlas adecuadamente o no supieron enseñárnoslas (del verbo mostrar) en toda su magnitud, que, no lo olvidemos, hablamos de ese tal Bach que, además de veinte hijos, dejó un buen legado para la posteridad.
Vamos, manos a la obra. Dedicad un momento a redescubrir esta colección y no os arrepentiréis.
Y, claro, ya puestos, seguiremos con las Goldberg y... ¿las Sonatas de Scarlatti? Pero esta mujer es alucinante, toca como quiere. He empezado a buscar información sobre ella y sólo he encontrado una pequeña reseña en la Wikipedia. No mucho más. Pocos vídeos, pocas imágenes... Y esto me ha llevado a acordarme del comentario de un viejo amigo que decía que en música lo que impera es el marketing. No siempre me lo ha parecido, pero cada vez estoy más convencido de que lleva razón. ¿Realmente son los mejores los que suenan sin parar por todos lados? A María Tipo la conocía, por supuesto, pero apenas la había oído pues no tenía sus discos y sólo un acto sencillo me la ha puesto delante. Cada vez es más frecuente que los jóvenes intérpretes emergentes puedan dar una imagen que vender, ya no basta con tocar bien o tener una personalidad distinta. Las portadas de los discos parecen de revistas de moda, que no digo que esté mal, pero me parece sospechoso que sólo despunten los que tengan un cierto atractivo añadido. Parece que lo que interesa es vender y hay que hacerlo por la vista, rapidito, sin importar si el contenido va a satisfacer nuestras expectativas.
El poder de elección lo seguimos teniendo nosotros. No nos dejemos engañar por tal o cual casa discográfica, por el respaldo del mejor concurso archiconocido polaco o ruso, por una carita cándida que esconde una expresión de ambición... Hay mucho ruido en torno al negocio y mucho en juego. El mercado quiere vender, da igual que sean discos, libros o salchichones y bebidas energéticas, ¿qué más da? En consecuencia, las versiones que nos van a llegar no tienen por qué servirnos de referencia pues igual desvirtuamos ciertos conceptos. Ya me referí a esto cuando comenté las colecciones de piezas de Brahms, de las que no es fácil encontrar algo más que las notas o un sonidito empalagoso.
Tomemos el control, que nos han formado para eso, y juzguemos con la mejor baza que tenemos, la partitura. Ahí está todo. Si leemos correctamente lo que está escrito, seguro que nos acercamos al original. Después vendrán, si queremos, la recreación, la imaginación y las pequeñas desviaciones del camino que permitirán que las obras sigan vivas y no mueran de aburrimiento.
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